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Taquicardia

Una placa metálica, una cámara oscura y un paisaje digno de ser retratado: era 1826 cuando un físico francés de apellido Niépce logró la primera imagen fotográfica conocida mundialmente, “Vista desde la ventana en Le Gras”. Niépce no podía saberlo, claro, pero su experimento iba a cambiar la historia para siempre. Dos siglos más tarde, casi, la fotografía cambió también la vida de Agnes Lanfranco, Felicitas Bonino y Lola García Berro, un colectivo de artistas llamado Taquicardia, nacido, justamente, en un cuarto oscuro: el taller de fotografía de Diego Ortiz Mugica.

“Creo que eso te hermana. Como en cualquier disciplina, cuando te encontrás con alguien que ama lo mismo que vos. Nos conocimos, precisamente, en el cuarto oscuro -relata Agnes Lanfranco-. Empezamos haciendo fotografía analógica, luego sumamos la fotografía digital y la serigrafía, y nos volvimos inseparables: somos una fuerza. A las tres nos gusta el blanco y negro, estamos incursionando ahora en el color, las tres adoramos la naturaleza. Y, después… ¡estar juntas en el taller es una fiesta!”.

Si la aventura del cuarto oscuro y el amor por hacer fotografías las hermana, también las diferencias las enriquecen y definen: “Creo que Agnes busca la abstracción que pueda encontrar de la Naturaleza -precisa Lola García Berro-. Con Feli uno puede sentir la inmensidad, el paisaje, y conectar mucho con las personas, contar historias y transmitir sentimientos. Y a mí me gusta mucho el minimalismo, las líneas, lo simple y minimalista.
Desde aquel primer encuentro en el taller, han pasado trece años, una amistad creciente y un sinfín de imágenes bellísimas, delicadas. “Creo que lo que cambió es que crecimos mucho como personas. Esa unión que tenemos -explica Felicitas Bonino- nos hace estar siempre pendientes de lo que la otra quiere para crecer, para sentirse más feliz, más libre, para poder expresarse, y eso es nuestra base sólida: lograr cosas que nosotras queríamos, en particular, pero que las otras dos fueron nuestro apoyo y nos impulsaron hacia eso”.

En este trabajo conjunto la observación y la emoción juegan un rol central a la hora de definirse: “Habíamos buscado miles de nombres, pero Taquicardia era una palabra que aparecía cada vez que salíamos a sacar fotos juntas: esa emoción fuerte, un latir, una emoción pura ante esos momentos en que decís: ‘acá quiero detenerme, y que perdure en el tiempo, que no se acabe’ -añade Felicitas-. La emoción que sentimos ante esa belleza, ante ese árbol, ante esa persona, es lo que mejor nos define”.
A partir del año pasado decidieron distribuir ciertos roles: “Lola y Felicitas mueven un poco más las redes, las compras las dividimos, yo soy más manual, Lola está más en la fotografía y Feli y yo estamos más en el taller de serigrafía. Lo que a una no le sale, las otras lo pueden hacer mejor. Sin embargo, sacamos fotografías juntas: yo casi saco sólo cuando estoy con ellas”, agrega Agnes.

Recién salidas del taller, entre serigrafías secándose en una cuerda y papeles fotográficos, la mesa de trabajo va poblándose de trabajos de distintas etapas, donde cada una conoce en profundidad el trabajo de la otra: “Nuestra forma de trabajar es espontánea, vamos mutando de acuerdo a las necesidades de cada una (la familia, o lo que cada una se propone). Hemos querido poner un día fijo, pero no siempre
lo logramos -asegura entre risas Lola García Berro-. Lo mismo cuando decidimos iniciar un proyecto, un viaje, una muestra. Ahí, cada una va soñando lo que le gustaría, va comunicando espontáneamente lo que surge, y lo vamos compartiendo. Y de alguna manera, mágicamente, se arma y sucede, fluye”.

“Habíamos buscado miles de nombres, pero Taquicardia era una palabra que aparecía cada vez que salíamos a sacar fotos juntas: esa emoción fuerte, un latir, una emoción pura ante esos momentos en que decís: ‘acá quiero detenerme, y que perdure en el tiempo, que no se acabe’. La emoción que sentimos ante esa belleza, ante ese árbol, ante esa persona, es lo que mejor nos define”.

De hecho, el nacimiento de cada proyecto es de una intimidad compartida o, como ellas mismas definen, “respirar fotografía todo el día”. Así nacieron dos proyectos recientes, siempre en pos de una conexión con la naturaleza y la inmensidad que las inspira. El primero, una expedición fotográfica a Catamarca, nacida porque “Agnes quería celebrar el día de la Pachamama, que es el primero de agosto -relata García Berro- y, en general, cuando una tiene un sueño tratamos de cumplirlo entre las tres. Así que ahí partimos, en auto, solas, a veces por rutas donde no había nadie, y fue simplemente disfrutar de estar
nosotras en la naturaleza. Nos levantábamos, tomábamos el desayuno, comprábamos algo para llevar… Era salir todo el día a sacar fotos. En algunos lugares programamos para llegar al amanecer, con determinada luz, o para poder estar bastante tiempo. Por momentos estábamos juntas o por ahí llegábamos a algún lugar y cada hacía la suya: como en el campo de piedra pómez, o en las dunas. Ahí era muy lindo saber que estábamos compartiendo, aunque cada una estaba haciendo lo suyo, sacando sus fotos”.

Actualmente preparan una muestra para la exposición Pinta Buenos Aires Foto, nacida de otra expedición conjunta: un trabajo surgido alrededor de la idea de la impermanencia.
“Nos fuimos a Chapadmalal, por esa conexión que tiene el mar, que es siempre distinto: la ola que nunca perdura, que desaparece”, relata Bonino. Lo cierto es que la idea inicial fue ampliándose alrededor de una decisión tan poética como técnica: pasar de utilizar el papel fotográfico industrial a utilizar papeles emulsionados con material sensible por ellas mismas. “Por lo general trabajamos en el cuarto oscuro con los papeles que vienen de fábrica, pero esta vez decidimos emulsionar nosotras nuestros propios papeles, pincelar el papel con emulsión, como algo fugaz, con una pincelada imperfecta, que va y viene,
como la espuma del mar. En el cuarto oscuro estos papeles cumplieron el mismo rol que el papel que uno compra, pero fue aún más mágico ver aparecer la imagen sobre ese soporte pintado por nosotras. Ahí terminamos de ‘cerrar’ ese concepto que queríamos transmitir; que la gente ante la obra sintiera la impermanencia de una forma poética”.
El resultado será, al mismo tiempo, una obra conjunta y fotos individuales. “Hay una obra que se compone de fotografías de las tres, que forman una obra entera. Y después, cada una tiene una obra. Esta es la primera vez que decidimos ponerles títulos iguales, aunque está la firma de cada autora. Es tal la fusión, que es como una obra única”, completa Bonino.

Para mí el arte es…

Agnes Lanfranco: Vengo de una familia que es bastante artista y siempre estamos viendo arte en casa, no en el museo. El arte es algo que siempre estuvo, como respirar.
Es una manera de expresar lo que tenés adentro. Mi forma de compartir lo que siento.

Lola García Berro: Veo arte en todo, son formas, detalles, sombras, puede ser algo colgado en la pared que tiene un autor, pero también lo veo cuando camino por la calle, en un árbol, en una hoja, en una sombra, y eso me nutre, me da alegría, y todo el tiempo me siento en conexión con el arte de la vida y del universo.

Felicitas Bonino: El arte es una emoción para mí, el sentir de uno frente a todo, la naturaleza y los humanos, esa necesidad. Todo es arte como dijeron Lola o Agnes. Todo lo que vivimos. Vivir y respirar es un arte.

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